Ya es primavERa. ¿Quién lo diría?
Pasan los meses tan rápido como las procesiones en Semana Santa. Parece que todo va paso a paso, y de repente, estás a puERtas de que alguien te cante una saeta…
Me gustan las saetas. A capella. Me gustan porque son profundas, sentidas. Porque salen desde dentro, espontáneas. Y de rebote, ese silencio de fuera se te mete hasta la médula.
A veces nuestro día a día es como el de una saeta. La oyes austera.
Entonces te paras y buscas el lugar de donde proviene la voz; el corazón se agacha y manda parar a la cuadrilla de costaler@s. Sientes el peso y bajas el paso. Respiras; buscas el ritmo. No llevas acompañamiento y resulta difícil.
Las emociones te inundan y lo transforman todo.
Es lo que tiene la primavERa, que al igual que una saeta, es especialmente intensa. Es un resurgir desde dentro, sin miramientos. Es mordER una emoción. Es darle salida. Es dejar que todo lo irradie, desde dentro hacia afuera…
Y también vicevERsa.