Durante toda la semana pasada hasta hoy, he tenido un sueño extraño. Muy raro. Y muy recurrente. Volvía a ser pequeñita como Alicia en el País de las Mil y Una Maravillas.
–Y dime, ¿cómo he de sentirte ahora que ERes tú quien viene a mí?- pregunté de sopetón. Y mi voz minúscula resonó cruda. Sin eco. Sin lejanía.
–¿Qué respuesta te valdría?– me repreguntó. Y tensó todo su cuello de una.
–¡CualquiERa!– rebotó mi voz ahora seca. Des-gastada. Ra-Ra…
–Entonces, ¿para qué preguntar?– Y su sonREir me envolvió como el gato de Cheshire.
–¡¿Y por qué no?!. (y la verdad es que no sé si pregunté, susurré, exclamé o qué…Sólo sé que me aferré a él tanto que me olvidé de pEnsaR).
Olvidé sER…
Y me olvidé despERtar.