El arte de sER feliz

No recuerdo despertarme tan sobresaltada como esta mañana. No lo recuerdo desde el año pasado allá por el mes de noviembre.

Es el otoño, estoy segura, es eso. Siempre me ha encantado esta estación del año, pero desde que nació el peque, una gélida sensación de miedo me inunda, me anquilosa, y me ocurre cada vez que tose o coge un moco de más en otoño…

Me he calzado las botas sobre el pijama. Me ahogo en casa. Cojo la cámara y desaparezco tras la puerta de madera un tanto descascarillada.

Oigo al peque allende las montañas, y pienso, «búscame en la niebla, pequeño, búscame y vuelvo«.

Apenas puedo moverme, respiro con pausa. Guardo la cámara. Voy a darle ese achuchón de calma. Le cojo en brazos y nos vamos a la cocina, ¡no hay nada como tomar un poco de leche compartida!. Él con unos copos de cereales; yo con un buen café recién hecho. Es un olor intenso que me reconforta pero…

…No me quito las botas (por si acaso).

 

 

Dedicada a todos esos peques SWH que hoy están un poquito pachuchos.

Muakaassss de sabor a niebla espesa que todo lo abraza.

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